oigo incluso cómo ríen las montañas arriba y abajo de sus azules laderas y abajo en el agua los peces lloran y toda el agua son sus lágrimas. oigo el agua las noches que consumo bebiendo y la tristeza se hace tan grande que la oigo en mi reloj se vuelve pomos en la cómoda se vuelve papel sobre el suelo se vuelve calzador ticket de la lavandería se vuelve humo de cigarrillo escalando un templo de oscuras enredaderas…
poco importa
poco amor o poca vida no es tan malo
lo que cuenta es observar las paredes yo nací para eso nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.
El misterio amarillo de tu palabra engendrado entre azucenas, rompe el dique de silencio y estalla bravío entre mis manos. Azules se suceden las imágenes, desnudas y urgentes buscando en la inocencia de otros ojos asombro sangrante a su hermosura. Es otro este cielo, otro el rumor inesperado de la lluvia, otra mi voz en el látigo de tu boca. En la misma esquina de amor y de locura que hoy te encuentro estaré esperándote, para morir soñando. (De "Es otro este cielo", Ediciones Muestrario, Bs. As., 2008)