oigo incluso cómo ríen las montañas arriba y abajo de sus azules laderas y abajo en el agua los peces lloran y toda el agua son sus lágrimas. oigo el agua las noches que consumo bebiendo y la tristeza se hace tan grande que la oigo en mi reloj se vuelve pomos en la cómoda se vuelve papel sobre el suelo se vuelve calzador ticket de la lavandería se vuelve humo de cigarrillo escalando un templo de oscuras enredaderas…
poco importa
poco amor o poca vida no es tan malo
lo que cuenta es observar las paredes yo nací para eso nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.
El misterio amarillo de tu palabra engendrado entre azucenas, rompe el dique de silencio y estalla bravío entre mis manos. Azules se suceden las imágenes, desnudas y urgentes buscando en la inocencia de otros ojos asombro sangrante a su hermosura. Es otro este cielo, otro el rumor inesperado de la lluvia, otra mi voz en el látigo de tu boca. En la misma esquina de amor y de locura que hoy te encuentro estaré esperándote, para morir soñando. (De "Es otro este cielo", Ediciones Muestrario, Bs. As., 2008)
"No necesité de espejos para memorizar líneas ni gestos" Liliana Varela
No necesité reflejos ni oráculos que anunciaran la llegada. Fui el anverso de tu imagen. Sometí los pasos a tu estancia.
No necesité arrimar leños a fogones. La pasión se daba sin juegos -la escalera real era ensueño cuando admirabas mi cuerpo ausente de palabras-
No necesité la foto entre las manos para recorrer los hoyos de tu cara ni cerrar los ojos para ver la figura prohibida en las mañanas. (De "Descubierta", Ediciones Muestrario, Bs. As., 2008)
Qué bueno vernos, puntualmente, como todos los meses. Como si siguiéramos juntos. La losa está limpia, el retrato impecable. El "Tu familia no te olvida" está luminoso. Ya sé que lleva trabajo, y tiempo, pero la tumba refleja el vínculo de los vivos con sus muertos. Por suerte Jorgito se curó, me tenía preocupado; vamos a ver si una de estas visitas él también viene. En cambio Nacho manda saludos y que le perdones pero no podía venir. No sé qué lo puede tener ocupado, donde está, tan chiquito. Pero, naturalmente, no es mala voluntad. ¿Y las cosas? Siempre igual, tirando. Sin vos, esto no es vida, con perdón, no quise ofender, ni revivir la muerte, si vale la expresión. Pero cuando estábamos juntos ¡cómo disfrutábamos! ¡Cómo lamento la pérdida de esos momentos! Los demás quieren ayudar, levantar el ánimo, pero no es lo mismo.
Por suerte, no debe faltar mucho para que nos juntemos de nuevo, la enfermedad se extiende, el final se acerca, ojalá no sea doloroso. Te extraño, no veo la hora de reencontrarnos, donde sea. Siempre vuelven a mi memoria instantes compartidos, convividos. Ahora, ni para vos ni para mí, esto es vida; hubo un último respiro que marcó la muerte de los dos. Una vez por mes miramos nuestras muertes, y vivimos un poco. De nostalgia; la memoria no muere tan rápido. El presente, para ambos, cada uno en su lugar, es sólo un estirar la nada hacia lo oscuro. Está por llover, mejor terminamos la visita, hasta el mes que viene. Acordate que ya no nos vamos a encontrar junto a esta tumba tan linda, con este paisaje. Me mudan a un nicho, segundo subsuelo, nivel 3, fila 14. Acá van a edificar. No va a ser igual. Ojalá no tardes en venir. Te esperamos. Con Nacho. Vas a verlo, está igualito. (De "Amores, Dolores, Rencores-Vidas (y muertes) cotidianas, en el bajo Buenos Aires", Ediciones El Escriba, Bs. As., 2008)